viernes, 20 de julio de 2007

Principios Cooperativos: Formación ciudadana para enfrentar la crisis

La crisis actual de nuestro país la ubican muchos en los aspectos sociales y económicos : pobreza, desempleo, injusticia, inequidad, falta de oportunidades, atraso tecnológico, dependencia económica, concentración de la riqueza, conflicto armado.

Es innegable que todos estos factores existen. En la región antioqueña por ejemplo hay seis millones de habitantes, pero más de la mitad de ellos en la pobreza y una quinta (1/5) parte en la indigencia. Un desempleo del catorce por ciento (14%) y el calificativo de ser una de las regiones de mayor inequidad. Se esperan las respectivas reformas para disminuir estas cifras.[1]

Pero la crisis principal no está del todo en lo que este diagnóstico revela sino en la falta de propuestas para enfrentar esa crisis. Lo que se ha perdido es la iniciativa que siempre tuvieron los antioqueños, aun épocas más difíciles, para enfrentar la situación crítica: se ha perdido la iniciativa para crear, para innovar, para proponer, para participar.

Es esta crisis propositiva lo que se debe enfrentar, y es esta la tarea de la formación actual en las competencias ciudadanas. Es aquí donde distintos agentes, estatales, sociales y corporativos pueden ayudar a enfrentar y resolver la crisis.

Claro que no es sólo en Colombia donde existe una crisis en el nivel propositivo de los ciudadanos. Algunas autoras como Adela Cortina señalan que en los llamados estados del bienestar la gente no quiere participar en ninguna decisión social porque esperan que otros lo hagan; no le encuentran ningún valor o sentido a la participación[2].

En nuestro medio encontramos que los ciudadanos no participan , no tanto por el bienestar y las garantías que el estado les proporcionan sino por otras razones:
Ø Desconocen que lo pueden hacer, ignoran los mecanismos de participación que nuestra constitución consagra y permite.
Ø Desconfían del valor de su participación y están siempre pensando que hay instancias más poderosas que reducirían el efecto de su contribución.
Ø Creen que no tiene sentido aportar porque los altos niveles de corrupción no permitirán nunca que su voz sea considerada y siempre se terminarán imponiendo los puntos de vista de los corruptos.
Ø Se asumen actitudes cómodas y se delega en otros la toma de decisiones y el acto de enfrentar los problemas.
Ø Se reconocen actitudes pasivas y cómodas para que otros nos atiendan o que el estado nos auxilie y nos favorezca.
Ø Encontramos también niveles de participación pero con intereses muy personales. Son los que piensan sólo en intervenir para su conveniencia o para fortalecer su patrimonio sin preocuparse por las implicaciones colectivas y sociales.
Ø Igualmente encontramos otras instancias extremas de participación. Son los que esperan hacer el cambio de manera radical y definitiva. Son los que le apuestan al todo o nada, los que no creen que tenga sentido los pequeños cambios, las pequeñas reformas.
Ø Finalmente se observan unos niveles frívolos e intrascendentes de participación. Encuestas faranduleras, preguntas anodinas sobre la aceptación social de los ídolos o de los temas del momento.

Es entonces a los auténticos lideres sociales a quienes corresponde la tarea de informar, orientar, educar a la comunidad y en particular a los jóvenes sobre la importancia y la trascendencia de encontrarle valor a la participación en los asuntos sociales para proponer las posibles alternativas de solución. Sí existen opciones para una participación. Sí es posible cambiar las condiciones sociales con nuestro aporte. La democracia debe dejar de asumirse sólo como representación, se debe desarrollar este concepto de una manera real, práctica, participativa.

En el carácter propositivo de la nueva formación ciudadana insisten algunos autores cuando plantean que esta pude seguir siendo crítica pero también debe servir para abrir el horizonte de las posibilidades. “La educación para una ciudadanía activa ciudadana, es precisamente una llamada a romper con la indiferencia, el fatalismo, el inmovilismo... Es una educación que tiene dos caras: educación para diagnosticar los problemas y educación para las utopías; educación para identificar los conflictos y educación para enfrentarlos”[3]

Los modelos pedagógicos actuales para formación en las nuevas competencias ciudadanas deben preocuparse por superar el alcance pedagógico de los modelos tradicionales, transmisionistas y doctrinarios que sólo buscaban brindar información cívica o instrucción normativa y prescriptiva. Hoy se trata no solo de enseñar las definiciones de los conceptos fundamentales: libertad, democracia, participación, sino de crear en los ambientes educativos experiencias auténticas de libertad, de integración, de socialización, de participación. En las instituciones educativas no sólo se debe hablar de democracia sino vivir democráticamente. Los colegios deben convertirse en laboratorios de participación, de experimentación propositiva, de formulación de hipótesis para resolver los conflictos, los problemas.

Ahora si se trata de mostrar experiencias educativas auténticas, prácticas, novedosas e interesantes para los alumnos, es indudable que la enseñanza de la experiencia cooperativa debe estar en el currículo de la nueva formación en competencias ciudadanas. El modelo cooperativo es un modelo real de libertad, democracia, solidaridad, función social. Durante el 2004 por ejemplo el cooperativismo contribuyó con el 5.2% al producto interno bruto colombiano, registrando también en los últimos 5 años un crecimiento del 100% en ventas y en el 83% de sus activos. Todo como resultado de su composición propietaria y de la democratización de la propiedad y no del interés particular del capital. El cooperativismo en Colombia está en 900 de los 1050 municipios y se acerca ya a 4 millones de asociados en todo el país. No se trata solo del número de asociados sino de los efectos que la concepción cooperativa puede empezar a tener ya de manera práctica en la economía y en la sociedad colombiana. [4]

Sí de lo que se trata es de formar a la gente y a las nuevas generaciones en la libertad, la autonomía, la responsabilidad, la solidaridad, la democracia, la capacidad propositiva y la participación, los principios cooperativos se convierten entonces para la nueva formación ciudadana en un auténtico paradigma.

Así como el cooperativismo promueve la libertad de asociación debe promoverse en la formación ciudadana el valor de la libertad, la obligación que tenemos los seres humanos de luchar por nuestra autonomía y por aprender a responder por lo que nos implica y nos afecta de manera independiente y responsable. Así como el cooperativismo promueve la democracia, la formación ciudadana debe enseñar a tomar las decisiones de manera participativa y consensuada. Así como el cooperativismo apoya la educación, la formación ciudadana debe enfatizar en que los cambios de las personas, deben ser el producto de la persuasión, el conocimiento, la motivación y no de la violencia o la intimidación. Seremos mejores seres humanos no por miedo sino por la educación, por la convicción. Así como el cooperativismo promueve la integración, la formación ciudadana fomentará el valor de la participación. Hoy es imposible, es inmoral no estar, no participar, no proponer. Debemos y tenemos la obligación de estar, de ayudar a encontrar la solución a la crisis.

Si la alternativa más importante a la problemática actual es recuperar nuestra capacidad propositiva, la formación en competencias ciudadanas y el modelo cooperativo deben integrarse en un auténtico modelo pedagógico, un modelo de vanguardia, una opción que nos ayude, que nos sirva para vivir mejor.
[1] Revista Comfenalco 2004.
[2] Adela Cortina . Los Ciudadanos como protagonistas, Barcelona, Círculo de lectores, 1999 pag 23-28
[3] Abraham Magendzo. Cultura democrática. formación ciudadana. Bogotá, Magisterio, 2004 pag 62
[4] Revista Coomeva. Indicadores que suman calidad a la vida. Calí, julio 2005, N° 59, pag 8